La mamá que quiero que recuerden
Crianza, Maternidad

El modelo de mujer que soy y lo que quiero para mis hijas

Hace cinco años me convertí en mamá de una niña, aunque #NenaDeCinco sea mi segunda criatura, es la primera de mis dos  hijas y desde que nació hasta hoy, no ha habido día en que no me cuestione qué modelo de mujer le estoy dando a mi hija.

Cuando yo era niña tuve muchos modelos a seguir de lo que quería ser, pero también de lo que no quería ser, nunca se me educó para ser sólo mamá y ama de casa, por el contrario, se me educó para que fuera todo menos eso, se me dieron opciones y se me instruyó y cultivó para que yo fuera lo que decidiera ser. Además se me crío de tal manera para que supiera que mi condición de mujer no me destina sólo a la reproducción y el cuidado de los hijos.

De pequeña tuve una mamá que siempre trabajó y además de su trabajo, formaba parte de organizaciones políticas que buscaban mejores condiciones para muchas personas. Desde que tengo memoria mis padres siempre han estado separados y jamás hubo una época en la que yo me quedara en casa bajo el cuidado de mi madre. Siempre andábamos de acá para allá, en su oficina, en una reunión, en una marcha, etcétera.

Mi paseos a la cocina eran cuando estaba en casa de mis abuelas, los ejemplos opuestos a mi madre, ambas esposas, madres y amas de casa que asumían sus actividades como la misión de su vida, su fin último y la razón por la que existían.

Jamás, en toda mi educación hubo algo que me hiciera sentir menos que los niños, más bien el discurso siempre fue “igualdad de condiciones, mismos derechos para hombres y mujeres”, lo que se conoce como feminismo.

Con todo este contexto, me hice mamá, primero de un niño al que tenía muy claro cómo quería educar, los principios y los valores que le daría, luego me hice mamá de mi hermosa #NenaDeCinco y aunque los principios y lo valores son los mismos, tengo claro que, al menos en esta sociedad, no podemos educar igualito a unas y a otros, por la simple razón de que en lo cotidiano el trato no es el mismo.

Como todo lo que he hecho la vida, la decisión de dedicarme exclusivamente a la crianza, que no a las labores domésticas (aunque muchas personas se confunden y asumen que una cosa implica la otra) fue una elección muy personal y una decisión en pareja. Si yo ahora me dedico a esto no es que haya cambiado mi forma de pensar o que haya traicionado los valores que me inculcaron, por el contrario, el discurso siempre fue “haz lo que quiera, lo que te guste, lo que te haga feliz” y, básicamente, así lo he hecho desde que salí de casa de mi madre.

Así que cuando me convertí en mamá, decidí que volvería a trabajar, pero la vida cambia, las prioridades se acomodan diferente y nada vuelve a ser igual, por ello después de un tiempo y en la coyuntura de un cambio de vida familiar decidí, con todas sus palabras, dejar de trabajar. Digamos que medio lo hice, porque justo en ese momento me invitaron a un proyecto que elaboraba desde casa ni juntas ni oficina ni nada. Lo tomé.

Después la vida de nuevo cambió, y al poco tiempo decidimos tener una segunda criatura, yo de alguna manera me las había arreglado para hacer “chambitas” desde casa, bajo la lógica de “sentirme productiva”, pero las oficinas, los trajes sastre y los horarios de entrada y salida habían quedado fuera de mi vida por completo.

Entonces nació Paula y desde ese día hasta este momento me cuestiono ¿cómo le voy a inculcar a mi hija que su destino no es tener hijos y quedarse a criarlos? Me explico, quiero que ella y su hermana Victoria sepan lo que yo supe desde siempre de manera automática, que puede ser y hacer lo que quieran, si quieren viajar y recorrer el mundo, que lo haga; si la una quiere ser científica y vivir en un laboratorio, que sepa que está perfecto; que si la otra decide ser astrofísica y viajar al espacio, su mamá va a ser la más orgullosa de ella; si quieren escribir libros, sería maravilloso o si deciden irse a vivir a un árbol para salvar alguna selva del mundo, que lo hagan; y claro, si un día alguna o las dos deciden ser mamás, adelante.

Mi punto es que vean la maternidad como una opción más en su vida, no quiero que piensen que tienen que serlo porque su mamá lo hizo, o porque es su destino, mucho menos que crean que es un sacrificio, yo no hago sacrificios, yo tomo decisiones y actúo en consecuencia.

Hay quienes me han dicho que debo volver a trabajar “en serio”, para que mis hijas tengan otro modelo, me niego, porque eso no me define, un trabajo no me define como mamá ni como mujer y porque tampoco espero que mis hijas sean lo que se espera de ellas, ojalá sean todo lo que las haga felices, aunque no entre en los estándares sociales ni de las expectativas que el mundo ponga sobre sus hombros.

Espero que, por más duro que sea, no cedan a la presión de hacer “lo que todo el mundo hace”, deseo con todo mi corazón que cada una sea emprendedora en lugar de querer trabajar mucho para otros y su máxima aspiración sea ser “la empleada del mes”. No sé cómo le voy hacer, pero de alguna manera lo voy a lograr, así tenga que partirme en mil pedazos para ponerles enfrente todas y cada una de las opciones que el mundo tiene para ellas, lo haré.

Con Paula y Victoria, no me preocupa ni un tantito “la mamá que quiero ser”, lo que me importa realmente es “la mujer que quiero que recuerden que era su mamá”.

Gracias mis niñas por ponerme este reto, por elegirme a mi como la guía de su vida en este mundo loco, caótico, pero también con posibilidades infinitas para ustedes como nunca antes lo tuvieron las mujeres. Sé que lo haremos juntas y que cada día me enseñan mucho con su determinación, con ese carácter definido que ejercen, con la enorme sensibilidad que tiene cada una a su manera, no podría estar más orgullosa de cada una de ustedes dos, eso deben saberlo siempre, hagan lo que hagan, siempre, siempre, contarán conmigo, aunque no comparta sus decisiones, siempre me tendrán a su lado.

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